Para Sibylle, lo que importa es darle importancia al espacio sonoro de las películas mexicanas y con ello cambiar la forma de escuchar.  Sus “hijos” (como ella les llama) son los mil ochocientos títulos que se ven reflejados en discos de corte directo, y que permanecen en  anaqueles; cajas viejas y amarillentas ordenadas en medianas filas.  Sibylle siempre está acompañada de una grabadora “Studer”, una herramienta de trabajo que se ha convertido en su mejor amiga.