En 2006 comenzó la capacitación para el personal de la Fonoteca Nacional de México, con especialistas extranjeros

 

Todo es culpa de Bonifacio Fernández Aldana, exiliado español. Fue quien tuvo la grandiosa idea de crear una biblioteca de sonidos en México, por allí de la década de 1950.

La Directora de Conservación y Documentación Sonora de la Fonoteca Nacional de México, Mariela Salazar Hernández, explicó que en aquella época, Bonifacio ya hablaba de una “biblioteca de los sonidos” que quería capturar, pues consideraba que podían tener un uso social. ¡Y vaya que tenía razón!

-La idea de Bonifacio quedó el aire, pero fue Álvaro Gálvez y Fuentes quien se aventuró a grabar las voces de los personajes de la época, comenta la directora sobre este acervo, que se puede encontrar en una cinta de carrete abierto en la colección Gálvez y Fuentes, de la Fonoteca Nacional de México.

Las Fonotecas en México

Oficialmente la primera Fonoteca de México fue la del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1967 aunque esta iniciativa –para crear espacios con estas características–, se retomó de algunos historiadores y musicólogos, quienes veían necesario resguardar los documentos sonoros. En aquella época no existía el término “documento sonoro” y resultaba más sencillo llamarlos cintas o grabaciones.

Después de la década de los sesentas otras instituciones consideraron ambicioso “guardar la voz”. Es así como surgió el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (CENIDIM) y algunas radiodifusoras. Aunque no era común el concepto de preservación, el CENIDIM  optó por el “acopio” y guardó los dispositivos que tenían grabaciones.

-Muchos años pasaron para que los documentos sonoros formarán parte del patrimonio documental, antes eran “documentos no librarios”, o “colecciones especiales”.  No había Fonoteca, el objetivo solo era guardar, comenta Mariela Salazar.

Fue en el año 2000, como parte del Plan Nacional de Desarrollo, cuando por fin se propuso crear una Fonoteca Nacional en México, idea que se planteó por parte de la investigadora Lidia Camacho y su equipo de trabajo. Cuatro años después, se otorgó el edificio, que antes había sido casa de Octavio Paz, y así comenzaron los trabajos de restauración.

-Había un edificio, pero no había nada, no había acervo.

La preservación comenzó con la gestión de los archivos que formarían parte de la Fonoteca. Los primeros en ingresar fueron la colección del etnomusicólogo Thomas Stanford, el archivo de Bellas Artes y el de Radio Educación. En 2008 se hizo la gestión para ingresar el acervo de Televisa Radio, que incluía más de 50 mil soportes y con ello surgió la necesidad de hacer un inventario.

-Trabajamos demasiado. Eran más de cincuenta gentes haciendo ese inventario. Nosotros tuvimos que construir la estructura de la base de datos.

 

“Se necesitan campañas de sensibilización por parte de las autoridades para después trabajar con la población” menciona Mariela Salazar

 

¿Cómo se volvieron expertos con tan sólo 10 años de la creación de la primera Fonoteca de Latinoamérica?  La cosa no fue sencilla. Tuvieron que leer muchísimo, hacer visitas a otras fonotecas y cursar seminarios. En 2006 comenzó la capacitación: especialistas extranjeros compartieron sus conocimientos con el equipo de la Fonoteca de México, por medio de cursos. Pero el mejor asesoramiento lo realizó la Fonoteca de Suiza, una de las más importantes a nivel mundial.

La Directora explica que aquello fue una bonita e intensa capacitación, pues debían saber un poco de todo: de arquitectura, física, química, y otras disciplinas. Hubo que poner mucho esfuerzo, ya que algunos integrantes del equipo desconocían todo lo que implicaba la preservación sonora.

Pese a las adversidades que ha tenido la Fonoteca Nacional de México, en este momento ya se han digitalizado más del 33 por ciento de los archivos y el 95 por ciento está inventariado. Esto ha sido gracias al esfuerzo del equipo, y sobre todo a las donaciones de los reproductores analógicos y reproductoras profesionales, herramientas necesarias para la digitalización del material sonoro.

 

Y si vivo 100 años…

-Nos enfrentamos a un rescate de los acervos porque teníamos cien años de atraso en comparación con la Fonoteca de Austria, explica sin titubeos la directora.

Dicho y considerable atraso, se debe a varios factores: no había una cultura de la conservación de los documentos sonoros, no existía el concepto de un archivo vivo, es decir, un archivo que no solo tuviera bóvedas, sino un archivo al que se le diera el valor de patrimonio. Pero, sobre todo, no había políticas públicas para su preservación o rescate.

Mariela Salazar asevera que aún se desconoce cuántos archivos sonoros hay en el país, pues no hay un censo. Para que esto suceda se necesitan recursos para investigación y, sobre todo  labor de convencimiento con los encargados de otros acervos, para que compartan su información.

-Existe miedo por parte de los encargados porque piensan que hay negligencia al no haber preservado los documentos de forma correcta, pero es todo lo contrario. Necesitamos rescatar los archivos sonoros lo antes posible.

Hablemos de sensibilización

La Fonoteca Nacional de México es una institución joven; habita en un edificio con arquitectura muy peculiar y un jardín admirable, espacio en donde se encuentran las bóvedas y justo allí se resguarda a los archivos sonoros. Muy pocos saben de la existencia de este lugar.

Algunos de los archivos sonoros más antiguos que la Fonoteca conserva, en copias, son los cantos rarámuris de 1897; la grabación de Porfirio Díaz desde el Castillo de Chapultepec; y la primera grabación del Himno Nacional Mexicano de 1901, que se hizo en Estados Unidos de América.

-Se necesitan campañas de sensibilización por parte de las autoridades para después trabajar con la población y que esta se interese por su identidad a través del patrimonio sonoro, el cual no es muy conocido en el país.

Se estima que en el país existen aproximadamente cincuenta Fonotecas, muchas de éstas en el centro del territorio mexicano, una en el estado de Yucatán y próximamente iniciará sus funciones una Fonoteca en el estado de Sonora. También se espera que, como parte de los proyectos de la Fonoteca Nacional de México, se lleve a cabo un censo para detectar cuántas fonotecas hay en el país.

 

Algunos de los archivos sonoros más antiguos que resguarda la Fonoteca datan de 1897