La llegada de la Mocha a Villa Madero, si mal no recuerdo, fue de la mano de la Liliana, la tucumana. Hubo cierto rechazo en algunas chicas, porque para ese entonces nuestros códigos eran nuestra biblia. Quien determinaba esas reglas de convivencia, por decirlo de alguna manera, era La Nene.

La Nene era la que mandaba, la que decidía sobre nosotras, la que se enfrentaba con la policía y nos enseñaba entre toda esa violencia, con sus actos, sus posturas, sus determinaciones, sus órdenes, cómo defendernos de la policía principalmente.

Ahora la violencia que ejercía —y que a su vez nos enseñaba a cómo comportarnos entre nosotras, entre nuestras propias compañeras—, era una regla que no se discutía, ni se objetaba: había que reproducir tal cual el legado. Era ella quien daba el permiso para entrar o permanecer en la Villa “El Lucero”, más conocida por Villa de Madero.

La Mocha apareció en mi casa con otras dos chicas a tomar mates, a contarme que no podía vivir más en el shotin de la calle Perú, que quería trabajar en Madero y vivir con nosotras. Nos hicimos amigas justamente porque era rechazada: tenía cortito el pelo y no tenia tetas hechas de siliconas. Eso no era habitual, porque por ese entonces Lía Crucet era nuestro prototipo de mujer: bien barroca, blanca, rubia. Todas tratábamos de tener algo de eso. Era nuestro modelo a seguir.
A simple vista La mocha no tenia nada de esa imagen que soñábamos ser, que pretendíamos reproducir, que debíamos copiar. Eso era el caldo necesario para que fuera rechazada por algunas compañeras, a las cuales yo me les enfrentaba para que no le hicieran nada. Al poco tiempo se instaló y pudo comprarse una casita pegada a la mía y vivir con su amado marido el Ariel, al que apodamos El Galgo porque era flaco y alto… que esa es otra historia para contar.
La mocha (Mirta)Celiz era chiquita y menudita, de cuerpo y edad, —al igual que otras compañeras como la Chapa de cartón— y tuvo que aprender a defenderse y a sobrevivir a las violencias constantes de ambos lados. A defenderse de todos, incluso de sus propias amigas. ¿Cómo aprender a crear vínculos de afectos? ¿Cómo hacer amistades entre esa violencia? Ella lo logró.

La Mocha Celis fue asesinada en 1996 por varios disparos. Era constantemente amenazada por la Policía Federal y la causa nunca prosperó.

El acervo fotográfico de Luisa Lucía Paz cuenta con 125 fotografías, la mayoría de ellas son de los años ochenta en Villa Madero y en Carnavales. Fue incorporado al Archivo de la Memoria Trans en el año 2016 y actualmente se encuentra digitalizado y listo para ser catalogado.

Luisa Lucía Paz (Santiago del Estero) es una activista trans, escritora, actualmente presidenta de la organización ATTTA (Asociación de Travestis, Transgénero y Transexuales Argentina).