Por Bicky Ramírez

Tuvieron que pasar más de cien años para que el archivo fílmico, del fotógrafo mexicano Manuel Ramos, fuera apreciado en una función de cine frente a decenas de espectadores. Esto gracias a la restauración y digitalización a cargo de Tania López Espinal y Gabriela González Reyes, trabajo que se logró con el apoyo del Programa Ibermemoria Sonora y Audiovisual, en el marco de la  I Convocatoria de Proyectos de Preservación, Acceso y Salvaguarda del Patrimonio Sonoro, Fotográfico y Audiovisual, realizada en el año 2017. Aunque esta inquietud por rescatar el acervo de Manuel Ramos nació en 1994, cuando un grupo de investigadores encontró el archivo. 

Ramos era originario del estado de San Luis Potosí y fue popular por sus publicaciones en revistas y periódicos. Gabriela González explica que pese a la popularidad del fotógrafo, se desconocía el paradero de su trabajo, debido  a que se encontraba disperso en algunos estados del país. 

“Fue la investigadora Carmen Ramírez quien encontró y resguardó el archivo. Desde entonces comenzaron los trabajos de investigación”.

El archivo de Manuel Ramos se compone de once mil quinientas piezas, entre fotografías y fotos en placas de vidrio; este material estaba en manos de los familiares.  Dentro del archivo también hay doscientas películas, aunque ambas restauradoras esperan que esta colección vaya en aumento, ya que un investigador en Guadalajara también alberga parte del archivo. 

***

Gabriela González explica que nunca había trabajado con archivos fílmicos y que su experiencia había estado enfocada en la investigación y conservación de material fotográfico. En cambio, Tania López Espinal es restauradora de profesión y trabaja en el laboratorio de restauración digital de la Cineteca Nacional de México. El entusiasmo por descubrir lo que albergaba el archivo de Manuel Ramos las llevó a trabajar en equipo: Gabriela se encargaba de la limpieza de las cintas y Tania era responsable de digitalizarlas. “Se hacían rollos de cuatrocientos pies, que era un aproximado de cinco minutos de grabación y esos rollos yo los iba digitalizando al momento, explicó la restauradora de la Cineteca Nacional de México”.

Todo el proceso se realizó en el laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional de México y tardó aproximadamente ocho meses; se restauraron 199 rollos de 9.5 milímetros y un rollo de 16 milímetros (el único que Ramos pintó manualmente). Tania reitera que una de las peculiaridades de este trabajo, es que la limpieza de los rollos se hizo con materiales orgánicos.

“Se usaron aceites esenciales, material muy usual en la Cineteca que sirve para hidratar las películas. Estos aceites también se utilizan en la restauración de papel”. 

Gabriela González asegura que lo más sorprendente del proceso de restauración fue que ambas tuvieron la oportunidad de apreciar los procesos técnicos que Manuel Ramos ocupaba para hacer fotografías, los cuales consideran de alta calidad. Probablemente esta particularidad también coadyuvó a que el los materiales se mantuvieran en condiciones óptimas durante mucho tiempo.

“Ramos era increíble. No sabemos si tenía alguna formación artística, pero hay fotografías coloreadas con fotomontajes y ediciones sorprendentes, sin olvidar que sus composiciones lo hacían muy buen fotógrafo” 

***

 “Experiencias de Archivo” fue el resultado de los trabajos de conservación y digitalización de Gabriela y Tania. En una sala de la Cineteca Nacional de México se proyectó una selección de videos que narran el entorno social de la capital mexicana y algunas partes del Estado de México durante la década de los treinta, tales como: prácticas religiosas, manifestaciones, comercios, la quema de los tradicionales “Judas” y hasta un comercial de helados (solo por mencionar algunas escenas). Durante media hora, la proyección fue musicalizada por la banda juvenil “Rapsoda Muscinema”. 

Los videos fueron grabados por una cámara Pathé Baby con rollos de 9.5 milímetros, un material que no era muy común en México y que sirvió de gran experiencia para ambas restauradoras.  Tania López menciona que, de acuerdo con sus investigaciones, es probable que en aquella época hubiera alguna tienda especializada donde se comercializaba ese tipo de cinta,  ya que es poco probable que haya muchos formatos de 9.5 milímetros en México.

“Este fue el primer material amateur, es decir, pensado para que las familias pudieran filmar lo que acontecía a su alrededor y así poder compartirlas. Hay mucha gente en Estados Unidos de América que cuenta con este material, pero en México no era muy común”. 

***

El archivo fílmico de Manuel Ramos forma parte de los primeros registros de la ciudad y está calificado como un archivo de alta calidad, sin embargo el trabajo aún no termina. Gabriela y Tania esperan que el material pueda ser catalogado e interpretado por historiadores y otros especialistas que puedan contextualizar las escenas de las películas y divulgar los resultados.  

Por el momento, el archivo de Manuel Ramos, en versión digital, estará resguardado en la Cineteca Nacional de México para que el público en general o expertos, puedan revisarlo, conocerlo y en el mejor de los casos, hacer investigaciones.