Estudió ingeniería mecánica eléctrica en la Universidad Autónoma de México (UAM) y realizó su servicio social en el Instituto Mexicano de la Radio (IMER), lugar en donde actualmente trabaja. Fue en el año 2011 cuando llegó a la Fonoteca Nacional de México y  comenzó a circular esa serie de señalamientos que lo hacen pasar por el “hombre que lo arregla todo”. Su nombre es José Luis Cedeño, pero todos lo conocen como “El Inge”. 

Cedeño egresó de la universidad justo en la transición de lo analógico a lo digital, cuando se dejaban a un lado los casetes y comenzaban los CD. Tuvo la fortuna de comenzar a trabajar con grabadoras analógicas, sobre todo aquellas que reproducían las cintas de carrete abierto. 

 

Cedeño usa herramientas de dentistas para colocar las piezas más pequeñas

 

“El Inge” no es un hombre confiado, aunque que lleva 30 años trabajando en el rescate de las máquinas (en su mayoría analógicas)  no le avergüenza decir que aún hay momentos en que cualquier aparato lo puede llegar a sacar de sus casillas. 

Cedeño goza de ese placer casi perverso de prolongar la vida de las máquinas, las arregla y en el mejor de los casos, les da vida otra vez. Es eso lo que lo ha llevado a ganarse el título de experto, aunque  él explica que solo domina la técnica porque le gusta lo que hace.

— La primera vez que arreglé una grabadora fue difícil; la segunda vez lo fue un poco menos y así, hasta que de repente, aprendí a lidiar con las fallas de las máquinas. Supongo que así me fui haciendo, modestamente experto.

Las áreas de Conservación y Digitalización de la Fonoteca Nacional de México cuentan con  aproximadamente treinta reproductores analógicas. “El Inge” las recuerda muy bien porque algunas han regresado a su taller hasta tres veces: son esos reproductores los que más nostalgia le producen; con ellas reafirmó los conocimientos aprendidos en la universidad y sus muy constantes cursos de electrónica. 

 

Todo el mundo tiene algo que ocultar 

Todo comenzó cuando en el IMER llegó a sus manos un reproductor analógico que no servía. Cedeño cuenta que aquel aparato ya había pasado por todos los compañeros del lugar, pero nadie daba con la falla. Gracias a su horario nocturno, tuvo tiempo suficiente para hacer funcionar aquella grabadora. Ese episodio fue uno de tantos que dieron la pauta para que se le asignaran trabajos que parecían imposibles de resolver.

-En aquella ocasión recuerdo que había muchas máquinas iguales. Comencé a comparar, quitar y poner circuitos; también revisé los manuales para darme cuenta de la falla. Ese reproductor funcionó y nadie supo cómo se reparó, hasta que un compañero me preguntó si yo había compuesto aquella máquina. Se le hizo graciosa la forma en la que trabajé. Días después llegó un procesador de audio FM al que le había caído un rayo, lo único que hice fue presionar el botón Reset y encendió. 

 

Las herramientas de Cedeño tienen un orden

 

Todo lo que necesitan es amor

Cuando “El Inge” canta sus canciones preferidas contagia su entusiasmo a las máquinas que compone.  Su banda favorita es Los Beatles y como buen colaborador de una Fonoteca, tiene su propio acervo de discos de acetato y colecciones inéditas de CD de la agrupación inglesa. Muy pocos tienen la dicha de darle mantenimiento a su propio toca discos y reproducir los discos de una de las bandas que hizo historia: él es un hombre afortunado.

Ese pequeño cuarto en el que Cedeño pasa hasta seis horas seguidas escuchando a los Beatles y reparando reproductores, era antes un wc. Con el paso del tiempo, “El Inge” ha sabido apropiarse del espacio, haciéndolo muy peculiar. Ahora es un cuarto con mucho estilo y “desordenadamente ordenado”.

-Me gusta mucho que todo esté en su lugar. Se debe poner atención hasta en el orden de los tornillos. Me agrada la idea de quitar un tornillo y volver a ponerlo al momento. No es fácil recordar en donde van cien tornillos a la vez.

Entre sus herramientas de trabajo se encuentran líquidos, aire comprimido, cinta de alineamiento (la cual considera de suma importancia), desarmadores de todos los tamaños, pinzas  y hasta herramientas de dentistas. Artefactos muy eficientes a la hora de devolver los resortes a su lugar. 

-No hay hora para trabajar, lo importante es encontrarle el gusto y encontrar el punto del problema. Hay veces en que me voy a casa pensando en cómo solucionar el problema y regreso a la Fonoteca con la respuesta en la mente para continuar con el trabajo.

 

Mañana nunca se sabe…

Cedeño dice que no es un experto, que solo es un ingeniero al que le gusta reparar las cosas. Sin embargo, se muestra muy agradecido por el reconocimiento y la confianza que depositan sus compañeros en él, al momento en que los reproductores entran en ese cuarto para recobrar vida. Aparatos que solo se ven en los museos.  

La máquina más antigua con la que ha trabajado es la reproductora de hilos, que tiene aproximadamente ochenta años de manufactura, y con ésta se han digitalizado archivos sonoros que se encontraban en hilo magnético.

Aunque las referencias dan cuenta de que  “El Inge” puede con todo (audífonos y hasta un par de hornos de microondas que aguardan en la puerta a ser reparados), Cedeño comprende muy bien los designios propios de la vida, y que como los humanos, las máquinas también tienen un ciclo.   

-Las reproductoras analógicas deben de dar lo mejor de sí, debes dejar que suenen hasta donde ellas puedan.

-¿Se van a terminar desgastando?

-Sí. Todo se acaba y habrá un momento en que las máquinas te van a decir que ya no. 

 

Cedeño puede pasar hasta seis horas seguidas trabajando.