Los alambres magnéticos son tan delgados como el diámetro de un cabello humano y en ellos se podía grabar de manera continua (hasta por una hora). Lo mejor de estos soportes era que si la grabación quedaba  mal, se podía grabar una y otra vez, siempre y cuando se borrara la grabación anterior.

Estos hilos magnéticos se popularizaron entre 1939 y 1955 y fue hasta la Segunda Guerra Mundial cuando se fabrican con acero. El único problema que presentaban estos soportes, era que se oxidaban, por ello es que como mejoras a su producción, los fabricantes decidieron usar acero inoxidable. La fabricación de los alambres y sus reproductoras se popularizaron en los Estados Unidos de América durante la década de 1940 y en Europa durante las décadas de 1950 y 1960.

Este tipo de soportes fueron utilizados por particulares, quienes se dedicaba a hacer grabaciones amateur o eventos sociales. Muestra de ello son los hilos magnéticos que se resguardan en la Fonoteca Nacional de México, con una boda realizada en 1950. Los hilos magnéticos también almacenaban grabaciones de música, como los documentos sonoros con los que cuenta el Archivo de  Palabra de la Radio Nacional de España.

 

(Fuente. La Conservación en un Archivo Sonoro. Autor. Mariela Salazar Hernández

Primera edición 2018. Producción. Fonoteca Nacional/Secretaría de Cultura. Ciudad de México)